Perdí la forma y no se dónde encontrarla…

Estas fueron las palabras de mi primito mientras hablábamos de lo mucho que nos gustaría comer unos Brownies de chocolate. Mientras comía una gelatina dietética de naranja me puse a pensar en esto. ¿Dónde realmente termina el límite de cuidar la salud y solamente alimentar nuestra vanidad?

Constantemente, en especial si somos  mujeres (hasta creo que en el 90 por ciento de los casos lo somos), nos privamos de tantas cosas sabrosas que nos gustaría comer porque decimos “voy a engordar sino”, y así luego nos ponemos a pensar las verdaderas razones de por qué sacrificamos a esos Brownies y optamos por la gelatina. Pero, ¿cuáles realmente son las verdaderas razones?
Está claro que comer es un placer, y nadie lo puede negar (por supuesto siempre hablando dentro del límite de lo saludablemente aceptable). Lo gracioso de todo esto es que por un lado la sociedad te presenta todo tipo de opciones cuando se trata de deleitarnos gastronómicamente; Tenemos todo tipo de chocolates, quesos, vinos, comida tailandesa, vietnamita, africana, sentado en una alfombra, en una silla, en una almohada…. pero al mismo tiempo nos venden la idea que para ser “socialmente bellos” ¡tenemos que comer sólo lechuguita y tortitas de arroz! Somos bombardeados con un ideal de belleza física se aleja completamente de la realidad de toda esta oferta. Entonces… mi pregunta es, ¿en qué quedamos entonces? ¿Somos acaso unos masoquistas por naturaleza? ¿no sabemos lo que queremos y por qué lo queremos? ¿Realmente somos tan influenciables que no nos damos cuenta cuando nos están queriendo “vender la moto” (léase en sudamericano: meter la rata) ?
Me explico. Muy pocas son las personas que no sienten la presión social de cumplir con lo que llamamos un “standard de belleza”. No hay persona que no se preocupe por su apariencia física y el que diga que no, está mintiendo. Por más que, y ahí de nuevo la ironía de la vida, nuestros padres siempre nos han enseñado que la belleza física no importa sino lo que cuenta es el tipo de personas que podamos llegar a ser, nuestro entorno, especialmente la publicidad, nos bombardea siempre con imágenes e ideales que siempre rondan en torno a la perfección física. Dicho en palabras simples “no importa lo bueno que seas en algo, si no tienes un buen cuerpo olvidate podes ser alguien”. La chica de pechos grandes siempre será más divertida y aceptable que la inteligente ante los ojos de la sociedad (siempre hablamos de un promedio, sabiendo que existen también, gracias al cielo, excepciones).
Es cierto que mucho depende de la sociedad en la que uno viva. Por ejemplo, a mí me tocó nacer en la bella ciudad de Asunción, Paraguay y ahora estoy viviendo en la complicada y controversial Barcelona (pero que igual la amo), España. Esto que estoy diciendo se aplicaría más a la realidad sudamericana en general; aquí en Europa la cosa es bastante diferente, al menos lo que a mí me tocó ver hasta ahora. En cierto sentido el estar aquí es una liberación de toda esa presión. Es por eso que ahora miro desde fuera y me gustaría que la gente en Sudamérica pudiese ver todo lo que hay detrás de ese gigante letrero que dice “Perfección física”.
¿En qué resulta esta obsesión por el cuerpo? En una gran falta de interés por cultivar un intelecto y un creciente deseo de mejorar el físico no importando los medios. ¿Qué produce esto? Unos bellos tontos. ¿Y qué pasa con los bellos tontos? Son útiles marionetas dispuestas a comprarlo todo para ser bellos…. De ahí lo tontos!😛
Volviendo al tema del Brownie. Entonces qué significa toda esta bipolaridad de pensamientos con respecto a la comida y a la apariencia física? Mi opinión personal: que los medios y las empresas ya no les importa qué te vendan ni cómo, con tal de vendértelo como sea, aunque eso signifique contradecirse a uno mismo. Claro, primero te intentan vender el súper bombón relleno de mousse de chocolate y un minuto después te están intentando vender pastillas para adelgazar. Primero rellenan el pavo y luego lo cocinan vivo. Constante contradicción mantiene a la gente ocupada pensando qué puede cambiar, por ende qué puede comprar.
A lo que quiero llegar es que sería tan bueno que la gente empiece a darse cuenta de que lo que los medios de comunicación intentan vender como ideal en realidad está muy lejos de serlo. Si no tenemos ese cuerpo espectacular, ¡no pasa nada! Si somos mujeres deberíamos empezar a relajarnos un poco más y no estar en eterna competencia con todas y cada una de las mujeres que nos rodean pensando “Uy, mira la cola que tiene esa” o “Cómo me gustaría cirugía para tener esas lolas”, y en el caso de los hombres aceptar que la belleza física está muy lejos de serlo todo en una mujer. La atracción física va tanto más allá que las apariencias pero está en nosotros despertar el deseo de descubrir qué más hay detrás de ese cartel luminoso que nos distrae.
Disfrutemos quiénes somos de la manera que seamos. Optemos por el Brownie y echémonos una buena risa! Y termino con dos frases: una  que encontré en un sitio que muchos de ustedes conocen llamado Suicide Girls y otra que encontré en un graffitti en las calles de Barcelona, y las pongo como dos de mis  preferidas:

“We think the girls in art class are hotter than the cheerleaders” (“Pensamos que las chicas en la clase de Arte son más hermosas que las porristas”)

“La belleza es tu cabeza”

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