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Cómo alimentar a una Musa (y no morir en el intento)

13 enero 2010

Muse by ~NomeEdonna

Son las 5 de la mañana de un día cualquiera; de pronto despiertas como si tuvieses que correr por tu vida, pero no hay nadie allí más que el silencio de la madrugada almacenando lo poco que le queda de oscuridad. Luego de varios intentos fallidos de caer en manos del tentador sueño profundo, hay algo que despierta en el centro del abismo intelectual; un manantial de pensamientos que te inunda de ideas, de conclusiones y respuestas tanto buscadas a consciencia pero así como una semilla caída en mala tierra, nunca llegan a germinar. A partir de este punto te encuentras de pie ante una bifurcación del camino; podrías optar por coger una libreta y empezar a escuchar a esa sabia voz interna, o bien intentar recordar su ilustre disertación más tarde…que como todos sabemos casi nunca termina en un final feliz.

Entonces la pregunta es: ¿Hay alguna manera de incrementar las posibilidades de conseguir esta inspiración a voluntad? ¿Cómo podemos invitar a la Musa inspiradora a charlar con nosotros más a menudo? Y lo más importante ¿Qué debo darle de comer para que quiera repetir la visita y que siempre se sienta a gusto? Con toda sinceridad no existe una fórmula exacta, porque al estar esta bella inspiración conectada a nuestro lado más sensible está claro que la inestabilidad constantemente la lleva de la mano. ¿Qué hacer entonces? Te propongo…

Música, poesía o literatura (o todos) todos los días

Estos tres elementos comparten una línea en común, que es darnos una nueva estructura de las palabras, ideas y cadena de pensamientos. Por rutina –y por el instinto de supervivencia del ser humano – tendemos a cambiar muy poco la manera que tenemos de hacer las cosas una vez que funcionan, ya que por el sistema “prueba y error” no tendemos a modificar una metodología y arriesgarnos nuevamente a que no lo consigamos hacer. Es por eso que la música, la poesía y la literatura nos enseñan experiencias y realidades de otras personas, con pensamientos, acciones y estructura de toma de decisiones ajenas a la nuestra, dándonos una nueva realidad, un punto de vista distinto y estimula nuestro deseo de experimentar nuevos rumbos.  Pero la regla de oro es tomar dichos elementos como referencia y no como aspiración creativa, ya que la originalidad en una pieza creativa está en su estilo propio. La gente ya conoce a un Picasso o a un Shakespeare, ahora quieren saber de tí y qué tienes para dar al mundo con tu talento.

Curiosidad e interés por todo

Una de las cosas más importantes que hay que tener en cuenta al momento de buscar inspiración es que nada se crea espontáneamente. Todo surge de la curiosidad de conocer cómo funcionan las cosas, de dónde salen, cómo llegar a ellas y cómo otras personas han encontrado el mejor camino para llegar a saciar sus propias preguntas. ¿Qué se siente ser abuelo? ¿Cómo funciona una fábrica de cartón? ¿Cuál era la moda del siglo XV?. Pregunta a un granjero cómo cosecha el trigo, habla con el abuelo que se sienta en la parada del autobús todos los días en sus calcetines y no sabes por qué, atrévete a decir “todo estará  bien a una persona que está llorando intentando que nadie la vea. Como dice una frase célebre, “no hay preguntas estúpidas, sólo estúpidos que no preguntan”. La curiosidad es el motor del aprendizaje y el deseo de ayudar y conocer a las personas que nos rodean el más nutritivo pan nuestro de cada día. Todos tenemos siempre algo que decir, y si se pregunta de la manera correcta la respuesta puede ser tan inspiradora que hasta puede convertirse en poesía.

Alimentación intelectual de lujo…pero también basura

Lo importante a tener en cuenta es que estos elementos funcionan a base de “repertorio creativo”, lo que significa que cuanto más variada sea nuestra fuente de información más oportunidades tenemos de encontrar nuevos nichos de imaginación. Todos tenemos nuestros dioses, ejemplos de talento y creatividad; está claro que nos encantaría escribir, dibujar, hablar y hasta comer lo mismo que ellos para ver si así podríamos ser un poco más como ellos. Pero, como había mencionado anteriormente, estas personas llegaron a donde están porque ofrecieron algo distinto a mundo, algo que antes era desconocido y que abrió un camino nunca antes explorado para demostrar al mundo que estamos todavía tan lejos de haberlo inventado todo. ¡Atrévete a ser tú mismo y a saber lo que tu talento vale! Te sorprenderán los resultados.

En conclusión…

Nadie nace naturalmente lleno de imaginación y creatividad. Estas son cualidades que conforman la esencia de todo ser humano. El secreto está en descubrir cómo utilizar este preciado talento y entender que si bien es un privilegio de todos, no muchos saben como sacar el mejor provecho de estas maravillosas cualidades. Como todo lo bueno y lo que deseamos que permanezca para siempre el poder utilizar estas armas creativas requiere de una buena alimentación de estímulos, de una constante curiosidad hacia nuestro entorno y de la valoración de la belleza que existe en todo lo que nos rodea. Emprende una aventura hacia las aguas de la fantasía, escucha al viento susurrarte nuevas melodías, prueba nuevos contextos, abre los ojos hacia tu interior…y observa.

Las experiencias nos hacen fuertes y, por sobre todo, sabios.

Curiosidad por todo: ¿Virtud o pecado?

10 junio 2009
brain
Brain
, por ~Mateu

Pero en realidad ningún yo, ni siquiera el más ingenuo, es una unidad, sino un mundo altamente multiforme, un pequeño cielo de estrellas, un caos de formas, de gradaciones y de estados, de herencias y de posibilidades. Que cada uno individualmente se afane por tomar a este caos por una unidad y hable de su yo como si fuera un fenómeno simple, sólidamente conformado y delimitado claramente: esta ilusión natural a todo hombre (aun al más elevado) parece ser una necesidad, una exigencia de la vida, lo mismo que el respirar y el comer.

Herman Hesse en El Lobo Estepario

“Cuando sea grande quiero ser médico como mi papá… o maestra como mi mamá… o arquitecto como mi tío…”. En épocas anteriores, y también gran parte de la actual, nuestro destino laboral y académico estaba principalmente influenciado por la actividad que realizaban nuestros familiares, quienes representaban nuestro mayor punto de influencia y fuente de adquisición de conocimientos. A todo esto debemos sumar lo adquirido en la vida escolar y cómo ésta ofrecía una alternativa a cuestionar nuestros verdaderos intereses, enseñándonos realidades distintas a las vividas por nuestro entorno familiar. En un menor grado, pero igual de importante, nuestro entorno, y con él nuestros amigos y conocidos, también otorgaron en algún momento algún factor decisivo para llegar a donde estamos ahora. Todos estos grupos tienen algo en común: Están íntegramente asociados a nuestras vidas por un contacto directo, en un mismo entorno, en una misma realidad predeterminada mayoritariamente por nuestra situación geográfica y realidad cultural directa.

Actualmente esta barrera geográfica ha sido vencida por la globalización de la comunicación que otorga la tecnología (y el conocimiento masivo de ésta), especialmente a través de Internet como herramienta informativa, haciendo accesible un sinfín de conocimientos a sólo un click de distancia y, más importante aun, el acceso a la información ya no está limitado al poder adquisitivo de unos pocos capaces de viajar o pagar más para encontrarlo. Este hecho es de significativa importancia en países en vías de desarrollo, donde los escasos recursos de la población no permiten acceder en muchos casos a textos actualizados, o a poder realizar intercambios culturales con países de mayor progreso.

Otro producto de este fenómeno es la optimización del tiempo. Al conseguir lo que queremos saber de una manera rápida y sencilla (en comparación con los métodos tradicionales), podemos aprovechar el tiempo restante para descubrir, por nosotros mismos y con nuestra propia jerarquía de importancia de la información, otras áreas de nuevos intereses; este hecho saca a la luz de que ahora, más que nunca,  tendemos a hacer crecer nuestros conocimientos a través de una cadena de pensamientos asociativos; por ejemplo, ahora leo sobre la multiplicación maya, lo que me hace cuestionar sobre la cultura maya, lo que a la vez me hace cuestionar sobre las culturas en el norte de latinoamérica, lo que me hace cuestionar sobre la diferencia entre la cultura latinoamericana con la europea… todo disponible en un mismo sitio, sin necesidad de trasladarse físicamente para los “conocimientos extras”. Entonces, no sólo conseguimos lo que queremos saber de una manera rápida y efectiva, sino que además lo enriquecemos de acuerdo a nuestros propios intereses. ¿Dónde está la ventaja de esto? De que al crear nosotros mismos nuestra cadena de conocimientos (a diferencia de medios de comunicación como la TV que ya propone un orden concreto de datos), nuestro propio puzzle de información, lo que incentiva a la creación de nuevas ideas es mucho más que lo que sería teniendo un sistema lineal de compilar datos (como la enseñanza en la escuela donde el alumno básicamente aprende sólo de los textos que le da el profesor), limitado por la disponibilidad del material.

information
I. por `gnato

Lo que ocurre con esto es que cada vez más existen personas que se dan cuenta que el ser humano no está hecho para saber una sola cosa y especializarse sólo en eso, sino que somos una telaraña de intereses que, así como utilizamos tan solo el 2% de nuestra capacidad cerebral, abre un enorme camino de nuevas posibilidades, perdiendo la idea de un área de conocimientos única. Nos interesamos mucho más sobre música, arte, psicología, cocina, ciencias, medicina, física, el espacio y relaciones sentimentales, todo al mismo tiempo, todo accesible de la misma manera y sin el temor de sentir que se está gastando una cantidad enorme de tiempo accediendo a estos datos. Conocemos más estilos musicales, más técnicas artísticas, más maneras en las que la gente se relaciona una con otra, etcétera.

Pero como todas las cosas también esta situación puede derivar en un problema, que ocurre en el hecho de seccionar la atención de manera extrema a “detalles” que podrían hacernos perder la concentración en lo que se está asimilando en un momento determinado. Vendría a ser como interrumpirnos a nosotros mismos constantemente, haciendo que nos alejemos de nuestro objetivo principal y “vayamos por las ramas”. Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Es entonces malo tener tanto acceso a información? ¿Existe un límite en donde tengamos que decir “basta”?

Personalmente pienso que el secreto está en tener siempre en cuenta cuál es el objetivo principal de lo que se está haciendo, medir el tiempo y administrarlo de una manera efectiva. Por ejemplo algo que aprendí a hacer (ya que para mí es realmente un problema no querer “adentrarme” en los detalles) es tener una pequeña libreta de apuntes, o un archivo de texto en donde pueda apuntar todas mis dudas; de esta manera no se pierde la curiosidad que ha surgido, buscando un mejor momento que no comprometa la concentración de la “misión” principal.

No desestimemos la curiosidad, porque ella es la que nos hace los maravillosos seres únicos que somos. Aprendamos a ser “curiosos resposables” y a administrar de manera óptima el tiempo. El resto ya depende de nosotros mismos.